Delicias literarias es una nueva sección del blog, una de estas ideas locas que se nos ocurren. En ella os daremos las recetas de los postres inspirados en los libros que leemos, o en postres concretos que hacen las delicias de nuestros protagonistas.
Para las que no estéis muy puestas en esto de la repostería no desesperéis, prometo no complicaros mucho la vida, y que haciéndolo con cariño e ilusión seguro que conseguiréis esos postres que os acercarán a vuestros book boyfriends favoritos.
Antes de empezar con nuestra primera delicia tengo que comentaros que yo no soy pastelera ni nada que se le parezca, simplemente una aficionada en ese mundillo. Aquí encontraréis vajillas desemparejadas y boles feos de andar por casa, fotos de dudosa calidad y un cierto toque de experimentación.
Crème Brûlée
Para estrenar esta nueva sección nos hemos inspirado en uno de nuestros book boyfriends favoritos, ese con ojos de color de la crème brûlée, Alexander, de la trilogía El Jinete de Bronce de Paullina Simons.

Eran las doce y media del 22 de Junio de 1941, cuando Tatiana Metanova, escuchó en la radio de su casa en Quinto Soviet, la noticia de que Alemania había declarado la guerra a Rusia. En ese momento su familia se puso en marcha para prepararse para lo que les venía, así que la mandaron a comprar comida y las provisiones esenciales por lo que pudiera pasar. Pero ella a sus 16 años, no entendía del todo lo que se le venía encima, y acabo en un banco, comiendo un helado de créme brûlée. Y mientras ella se deleitaba con ese lado, conoció a un soldado del Ejército Rojo, de ojos color caramelo, un poco mas oscuro del color de crème brûlée.
No voy a poder enseñaros como hacer dicho helado (pero todo se andará), pero si como hacer una perfecta Crème Brûlée.

